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EL COMIENZO DEL VIAJE


Te doy la bienvenida a Constelaciones del Silencio - Bitácora de un Adulto Sobreviviente. Si estás leyendo esto, tal vez sea cosa del destino que hayas llegado a esta página en particular, entre los millones de páginas web del mundo. No subestimes al destino, siempre nos pone en el lugar en el que más necesitamos estar.


Soy Luna del Alba y soy una Adulta Sobreviviente de Abuso Infantil. Lo digo así específicamente porque es importante reconocer nuestra identidad y nuestra historia, ponerle nombre a las cosas es una manera de apropiarse de ellas y recuperar el control que nos fue arrebatado por otros. Aquí quiero compartir mis reflexiones, mis pensamientos y mis emociones acerca del trauma porque las palabras tienen el poder de sanar el cuerpo y el alma, decir en voz alta lo que antes fue un secreto también es una manera de liberarse de las cadenas del silencio.


Este no es un tema popular ni algo de lo que la gente quiera hablar, pero es importante hablar del Abuso Infantil y de todo lo que implica, de las consecuencias terribles que tiene en la vida de las personas y de cómo afecta tantas partes del individuo que cambia por completo nuestros proyectos de vida. Lo común es que los terceros no relacionados aborden el tema con una perspectiva clínica y desapegada, o desde el sensacionalismo morboso que resalta los detalles más crudos del Abuso y le resta importancia a todo el daño que queda en quien fue abusado. Por lo general todo se queda en el momento en el que se descubre el Abuso y en la eventual intervención de las autoridades, como si el problema desapareciera cuando el niño abusado se convierte en adulto.


Lamentablemente nada está más lejos de la realidad, porque para la gran mayoría de los niños la ayuda nunca llega y tienen que crecer con esa experiencia enterrada en lo más hondo de su ser al mismo tiempo que lidian con las secuelas físicas, mentales y emocionales del Abuso sin recibir apoyo terapéutico ni mucho menos justicia.

 

El abuso no desaparece, ni siquiera cuando se olvida como mecanismo de protección. Un niño abusado que no recibió ayuda inevitablemente se convierte en un Adulto Sobreviviente con problemas, una persona que crece y vive con sentimientos profundamente negativos, con heridas en el cuerpo, en la mente y en el alma. Somos personas que viven entre el miedo, la culpa y los secretos de algo que otros nos hicieron en contra de la naturaleza y de nuestra voluntad, una experiencia que nos aísla del resto del mundo condenándonos a la soledad.


Algunos logran conjurar a los demonios de su infancia por sí mismos o encuentran apoyo en el entorno cercano y eso es loable. Pero la gran mayoría de los Adultos Sobrevivientes tienen que luchar contra el malestar y los recuerdos no deseados, fingiendo que todo está bien y tratando de adaptarse a un mundo que no entiende por lo que están pasando, guardando silencio para no perder el amor de sus padres, para no afectar a sus familias o para no ser juzgados por otros como si fueran responsables de lo que pasó. Muchos tienen incluso que convivir con el abusador porque es alguien de su entorno familiar más cercano, pretendiendo que no pasó nada y que esa persona no destruyó una parte de nosotros.


Solo alguien que haya estado en esa situación puede entender lo que se siente y definitivamente nadie debería pasar por el abuso en ninguna etapa de su vida, mucho menos en la indefensa infancia. Nadie debería tener que soportar en silencio, durante años o décadas, el horror de una experiencia tan profundamente traumática sin recibir ayuda alguna o al menos poder relatar su historia y desahogar su dolor, por miedo o vergüenza, ni mucho menos por mantener una paz superficial en su entorno de vida. Cabe resaltar que en los casos de Abuso Infantil dentro del ‘hogar’ por lo general no se llega a descubrir lo que pasó hasta muchos años después e incluso si se supo que el niño fue abusado, rara vez se llega a instancias judiciales o a un reconocimiento por parte del agresor. Las familias en las que se descubre un hecho de Abuso muchas veces prefieren guardar silencio por el bien del grupo, aún a costa de la víctima. Un Sobreviviente de Abuso merece y necesita toda la protección, y apoyo, aunque haya llegado relativamente a salvo a la edad adulta. No es justo que la victima tenga que seguir siendo sacrificada indefinidamente mientras los agresores continúan viviendo su vida sin consecuencias. La vergüenza debe estar en el agresor, no jamás en la victima.


Por eso quiero hablar del Abuso en primera persona, porque todos los que hemos experimentado algo tan terrible (ya sea una única vez o muchas veces a lo largo de la infancia y adolescencia, como es el caso en el Abuso Crónico) merecemos que nuestra historia sea reconocida y dignificada a través de la comunicación, que nuestras heridas y secuelas sean escuchadas, vistas, comprendidas… porque a veces ni siquiera nosotros mismos entendemos la magnitud del daño y por esa misma razón no podemos re-elaborar el duelo, procesar, soltar y seguir adelante.


Este es el espacio que escogí para usar mis palabras, para reconstruir mi historia personal y el camino que he recorrido, abrazando mi identidad y mi pasado, para poder vivir mejor mi presente y construir un futuro digno de ser vivido.


Escribo para mí, para exorcizar mis demonios y para reconstruir mi pasado, la historia de los años que marcaron mi vida para siempre y que permanecieron enterrados en la oscuridad del olvido silencioso durante la mayor parte de mi vida, para construir un camino para mí y un lugar al que pueda llamar hogar. Pero también escribo por otros, por todos aquellos adultos que han guardado un secreto demasiado pesado en sus almas y que todavía arrastran el peso de los pecados ajenos, lidiando con la culpa y la enfermedad, con las dificultades para establecer relaciones saludables y con las secuelas de las acciones de otros, que todavía no encuentran su camino y tampoco han podido encontrar un espacio seguro para hablar de lo que nadie quiere mencionar.


Mi primer escape, mi mayor sustento y constante desahogo en esos días difíciles fue, y aún lo es, escribir. Transité los años más difíciles de la infancia y la adolescencia, y los momentos más duros de confrontación en mi edad adulta, con la compañía de un cuaderno y un lapicero. Me atrevo a afirmar que si no hubiera sido por el hecho de derramar mis pensamientos y sentimientos en una hoja de papel durante casi toda mi vida, probablemente ya no estaría aquí. Aunque mi acercamiento a la escritura como terapia fue más bien instintivo que deliberado, soy testimonio de que escribir ayuda a sobrevivir y a sanar. Quiero compartir esa experiencia con quien quiera recibirla, invitar a otros a romper el silencio y a salir de la oscuridad, una palabra a la vez.


Así que este es un ejercicio de sanación, recapitulación y desafío. Quiero escribir sobre mis experiencias y sobre lo que he aprendido durante muchos años de luchar con el trauma, para tomar el poder sobre mi pasado y sobre mi historia, y también para dejar una huella que tal vez sirva de consuelo a alguien más. Sigo buscando un puerto seguro, construir mi propio hogar y sanar tanto mi mente como mi cuerpo para reclamar mi vida y vivir de verdad. Sería genial que esta búsqueda pudiera tener eco en otros y ayudarlos a encontrar su propio camino de sanación.


Este blog es un ejercicio de escritura terapéutica, una bitácora del viaje que estoy haciendo para sanar y un recuento de lo que he encontrado en el camino. Seas quién seas, eres bienvenido a seguir cada pequeño paso y a tomar de aquí lo que te sirva. Espero de todo corazón que encuentres tu camino de sanación y que puedas encontrar un puerto seguro al que llamar hogar.


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