‘A VECES TENEMOS QUE SER NUESTRO PROPIO HÉROE’
- Luna del Alba Oscura

- 16 ene
- 5 Min. de lectura

En los cuentos y películas, cuando el protagonista (hombre o mujer) corre peligro siendo niño, un héroe se presenta oportunamente para rescatarlo y llevarle a un lugar mejor en el que comenzará una nueva aventura. La realidad es bastante diferente porque, si bien los héroes existen y aparecen por todas partes, no siempre tenemos la suerte de ser rescatados.
Algunos niños abusados o víctimas de negligencia dentro de su núcleo familiar tienen la bendición de que alguien se da cuenta de lo que está pasando y les brinda la ayuda que necesitan. Un vecino o un pariente que se entera de la situación puede llamar a la policía o alertar a otros sobre el peligro en el que está el niño y, entonces, el niño puede ser rescatado. El daño está hecho, claro. Pero al menos el abuso es detenido tan pronto como fue posible y el niño recibe ayuda de profesionales que pueden enseñarle el camino para elaborar un duelo y salir del trauma poco a poco.
Pero si eres un Adulto Sobreviviente como yo, no recibiste la ayuda y ni el abuso ni la negligencia se detuvieron a tiempo porque nadie vino a ayudar. No siempre somos rescatados y no siempre podemos recibir la ayuda que necesitamos cuando más la necesitamos. Así, si eres como yo, probablemente creciste lidiando con un montón de problemas psicológicos y físicos por tu propia cuenta, sin que nadie se diera cuenta de lo que estabas pasando (ni en la familia ni en el colegio, ni siquiera en tu grupo de amigos). Tal vez aún hoy sientes que necesitas ser rescatado de toda la ansiedad y la angustia que experimentas, quizás todavía esperas que aparezca un héroe que te saque del infierno y te ayude a ir a un lugar mejor donde estar vivo deje de doler.
En cuanto a eso, tengo dos noticias: Una buena y una mala.
La mala es que ser rescatado no es la regla, sino la excepción. Es muy probable que si no te rescataron antes tampoco vayas a ser rescatado ahora. Te sentirás decepcionado, frustrado, cansado y traicionado porque en un mundo lleno de gente, a pesar de estar rodeado de familiares, amigos y compañeros de trabajo, nadie comprende tu sufrimiento y la mayoría están demasiado ocupados como para siquiera darse cuenta de que no estás bien.
La buena noticia es que en realidad no necesitas un héroe que te salve, tú puedes ser tu propio héroe. Más que eso, tienes que ser tu propio héroe. Has sobrevivido al infierno y has llegado exitosamente a la edad adulta, eso en sí mismo es un acto heroico que no todos consiguen llevar a cabo. Has preservado tu vida, tu cordura y tu humanidad en circunstancias que le costarían la vida a muchos otros. Eres fuerte y lo has probado, has desafiado las probabilidades y sigues existiendo. ¡Eres prácticamente la versión viva de cualquier superhéroe!
Eres la primera y única persona que puede hacer algo para cambiar tu realidad. Eres el primero al que debería importarle tu bienestar. Si nadie te quiso y te cuidó, tú debes amarte y cuidarte más que nadie en el mundo. Una pequeña decisión, un pequeño cambio en tu rutina pueden ser el comienzo de la transformación de tu vida. La voluntad de ir al médico cuando estás enfermo, la decisión de comer sano y hacer ejercicio, la elección de alejarte de un ambiente familiar o laboral que te perjudica más de lo que te beneficia… todas son formas de rescatarte y protegerte como nadie más lo hará.
Comienza a priorizar tu bienestar, ponte en primer lugar en la lista de tus preocupaciones. Date la importancia que tienes y dale a tu historia la relevancia que merece. No importa lo que digan otros, tu dolor no es pequeño y tus heridas no son insignificantes, la única persona que puede decir con propiedad cuando daño recibió eres tú. No permitas que nadie te quite el derecho de exigir la verdad, de decir lo que sientes y lo que piensas, de contar tu versión de la historia.
Puede que no te aplaudan, en especial las personas cercanas que fueron cómplices por acción o por omisión, y probablemente tengas que enfrentar muchos intentos de restarte valor o silenciarte. Pero créeme, merece la pena defender tu verdad, le incomode a quien le incomode. Al hacerlo estarás siendo fiel a ti mismo y también estarás dándole a tu niño interior la dignidad que los agresores y sus cómplices le trataron de arrebatar con sus mentiras y su silencio.
No digo que salgas con pancartas a las calles, tampoco te digo que no lo hagas si lo sientes necesario. Creo que antes de llegar a la reivindicación pública, lo primero es hacer una reivindicación ante nosotros mismos y reconocer lo que nos ocurrió. Si no puedes hablar con nadie o no cuentas con el dinero necesario para iniciar o continuar la terapia (pasa mucho, de hecho me pasó a mí), entabla un diálogo contigo misma a través del papel. Escribir sobre lo que sientes, sobre lo que recuerdas o lo que no logras recordar, sobre los malestares y las pesadillas, puede ser un punto de quiebre para ti porque estás verbalizando tu experiencia y le estás poniendo nombre a cosas que antes no sabías o no podías nombrar. Llevar un diario, ya sea a la antigua o con las modernas aplicaciones de diario (que vienen con encriptación y clave de seguridad) te ayudará a despejar la mente, a aligerar el corazón y a notar cosas que no notarías si no las pusieras fuera de tu cabeza. Datos que pasaron inadvertidos antes, patrones de conducta, señales de manipulación… Y, lo más importante en mi opinión, te estarás dando la oportunidad y el espacio de expresarte, elaborando una narrativa que contenga tu verdad y plasmándola en el espacio físico sin que nadie discuta su veracidad o intente minimizarla.
Eventualmente en el futuro, solo si quieres hacerlo y cuentas con las garantías de seguridad necesarias para tu protección (teniendo en cuenta que estamos hablando de Abuso cometido dentro del núcleo familiar y posiblemente por miembros de la familia, lo cual significa que la situación puede complicarse) puedes considerar confrontar al agresor y a quienes permitieron que el abuso sucediera.
Sé tu propio héroe, empieza a hacer algo por salvarte y deja es esperar ese rescate que no llegó. Después de dar los primeros pasos para salvarte a ti misma ese simple acto de valor comenzará a atraer toda la ayuda que puedas necesitar. Puedes hacerlo, solo necesitas tomar la decisión de hacer algo por ti, tienes la fuerza y el valor. Nunca subestimes el valor de haber sobrevivido, especialmente a algo tan terrible como el Abuso.
Recuerdo que mi terapeuta me lo dijo en una ocasión: ‘Eres fuerte, hiciste todo lo necesario para sobrevivir y sigues viva. No es algo de lo que debas avergonzarte, más bien deberías sentirte orgullosa’. En ese momento acababa de empezar a recuperar algunos recuerdos del Abuso y estaba en mal estado, sentía tanta angustia y rabia… Me tomó un tiempo comprender el significado de sus palabras. Sobrevivir es algo de lo que debemos sentirnos orgullosos, es una Medalla al Valor que debemos portar con toda la dignidad que encierra. Porque a pesar de ser pequeños y vulnerables, a pesar de haber sido oprimidos por quienes deberían habernos protegido, a pesar de que nuestro dolor fue silenciado e invisibilizado, nunca nos rendimos. Seguimos aquí, quizás heridos y confundidos, pero luchando cada día por salir adelante y buscando una vida mejor que la que tuvimos.




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